Aforismos
Por Álvaro Riquelme
Sexo. Si lo que quiero es dar placer creciente e intenso debo primero explorar ese placer en mí. Sospecho que toda la gana y todo el esfuerzo del hombre por hacer gozar a su pareja es en si un intento por acrecentar su propio placer. Pero esa gana y ese esfuerzo no son más que una tibia exploración que no suele llegar muy lejos y que más bien cae en los finales, por lo general. Otra parte de la población se toma el disfrute sexual como un reto que le pone ante uno la vida, otro reto más y también, un reto de los importantes.
La sexualidad de los hombres es un caminante muy cargado en un principio, pesado, pero que se aligera marcando su avanzar con hitos. El mismo avanzar se repite en las mujeres pero bastante más allá, cuando reciben la posta. Sus hitos son hitos de placer, no de duración. El buen gozador querrá siempre alcanzarla, y más, yo diría también, sobrepasarla, dejarla rendida en el camino. No faltará quien piense que el tesoro del explorador (que nunca explora sin sospecha), es el orgasmo de su pareja; otro, inconforme, querrá superarlos y encontrar el tesoro en la simultaneidad de la inundación del placer, la unión perfecta en el milagro del orgasmo: quizás quede completamente prendido y enamorado con la joyita de la unión y diga satisfecho: he superado el sexo. Pero todavía queda el semidios, que conociendo la unión y avanzando por los femeninos caminos del placer, allí donde el Zeus soberbio le arroja rayos a una Afrodita casi paralizada, querrá esa misma acumulación de cada acto que las mujeres experimentadas conocen bien, en varios actos.
Eso en cuanto al sexo con la mujer. Porque todavía podemos explorar el sexo con LAS mujeres, que es otro impulso poderoso que nos jode y nos jode durante la vida a los hombres. Claro, porque no basta con haber aprendido a darle placer a una mujer y a nosotros mismos, ese instinto dominante en nuestra adolescencia fue dominado durante nuestra juventud. No basta. Aparece esa otra pulsión itinerante de querer conquistar más y más mujeres, con el secreto afán de apoderarnos de la esencia de la conquista amorosa, con la directriz subcutánea de aprender a saberse don Juan en cualquier momento.
Esta última victoria es un punto paralelo al camino sexual del adolescente, pero en el camino sexual de la edad juvenil. Es una lucha y un reto cuyas pulsiones mentales son igual de intensas, pero nuestra mente más crecida y madura sosiega esas pulsiones de mejor forma.
La sexualidad es un reto tan importante como el reto del dinero o el reto de la muerte. Si no la superas, el pensamiento del fracaso rondará en las orejas del hombre o de la mujer como una mosca metálica con aguijón impregnado en jaquecas. Y por otro lado si se la supera se avanza un poco más ligero.
Una filosofía de la sexualidad que no contenga ejercicios prácticos pero que cite grandes nombres con mayúsculas no es una filosofía sino sólo un pedazo de filosofía.
La cosa práctica, el sol del cielo. Al adolescente primerizo, al principiante en los caminos de la vagina, hay que decirle que es normal que se precipite en los precipicios a la primera curva. Sobretodo porque su cuerpo de goma se para inmediatamente mirando el camino y queriendo volver. A esos pichones yo les quisiera decir que miren la sexualidad de verdad como un camino, con curvas, precipicios, pero también autopistas y caminos rurales, secundarios, temblorosos. ¿Qué se hace con las curvas pichón? Evidente, se reduce la velocidad. ¿Y qué pasa con las curvas cerradísimas y en bajada? Más freno, y en casos apurados, ¡freno de mano! ¿Y si la curva termina en precipicio? Detenerse completamente.
¿Cuál es el apuro pichón? ¿Te da vergüenza descansar en el camino? Te retiras y le dices: esperate tantito vieja, estoy amaestrando al muñeco. Y listo.
Hay otros que se creen experimentados y colocan todas sus fichas en el segundo intento, pero así se van acostumbrando a perder siempre a la primera vuelta, desperdiciando ese torrente de placer intenso que podría haber sido simultáneo.
Otros más, ponen su secreto en el alcohol, o en la cocaína. Con tres copas o un jale se convierten en supermachos. Y así se van acostumbrando, y si quedan sin su viagra la "cosa" no funciona bien, o definitivamente no enciende.
Si tenemos la posibilidad de no depender de algún agente exógeno, ¡no dependamos!
Otro primerizo se queja, dice: si claro, bla, bla, bla, pero no tengo la posibilidad de practicar. Pobre pichón, yo lo quiero ayudar, y qué mejor lugar que una filosofía de la sexualidad para ello. Un aguilucho te quiere prestar un ala: cuando tienes la oportunidad de decirle algo a una mujer que tienes al lado, debes pensar que en ese mismísimo precioso momento estás también en la cama con ella. Si le hablas del tiempo, no habrás entrado en ella, si le hablas del colegio, no habrás entrado en ella, pero si le dices me gustas, así, a secas, habrás metido la puntita, y quizás te pida más. Si le declaras tu enamoramiento, habrás metido la pata. Pichón, todo el placer está en los intentos. Si nunca has hablado con ella, si nadie te la ha presentado, acércate como un caradura, sonríele, y háblale un poco.
Eso no garantiza que con ella te vaya bien, es más, te puedes ganar un soberano desprecio. Ese desprecio es el que no te tiene que importar, toda la esencia de la conquista se encuentra encerrada en ese desprecio. Y te puedo prestar un ala, pero no las dos.
De paso respondimos a la inquietud del caminante juvenil, nivel intermedio.

Soledad. Nadie nos enseña a estar solos. Para colmo la sociedad le coloca al solitario un cartel en la frente equivalente a: pobrecito, no tiene amigos, no tiene mujer, no tiene familia, etcétera. Quizás si estar solo fuese considerado como una opción, o al menos como una etapa nada grave, el solitario inexperto no andaría tan preocupado de su soledad.
Pero nos inquietamos cuando pasamos días casi sin hablar con nadie, todos nos inquietamos más de alguna vez al quedar solos. Estar consigo mismo se vuelve desagradable, el tiempo pasa más lento y la mente es aburrida, tediosa, y muchas veces molestosa. Como nadie la controla, ella, la mente, nos bombardea con recuerdos ; malos y buenos, y a veces más malos que buenos; o bien en lugar de hacernos recordar cosas, construye para nosotros, con su vocecita inocente, cosas que no dijimos pero hubimos querido decir, o cosas que hacer y no hicimos, o a veces, cuando la mente es amiga, cuando está adiestrada, nos envía cosas que nunca hemos hecho pero que podremos hacer algún día. Fantasea y recuerda la mente adolescente que adolece, nada más.
¿Porqué estar a solas con el pensamiento es tan melancólico? ¿Por que no hay luz en la cueva? ¿Porqué casi todos rechazan la soledad y se buscan amigos o mujeres o parejas con quien vivir? Yo sé. Son dos motivos, el segundo es menos conocido que el primero. Porque se supone que el hombre es un animal social, necesita hablar y reir, gesticular. Segundo, porque el pensamiento NO les da alegría.
Digo bien "se supone" porque yo creo y quiero creer que hay tantos tipos de caracteres de hombres como razas hay de monos. Hay monos que les gusta estar solos, como los orangutanes, y otros que prefieren arrojarse cosas, temerle a un líder, o coquetearle a un líder, vivir en grupo, mirar y ser mirado, sacarse piojos mutuamente, los chimpancés. Yo por ejemplo, me identifico más con el orangután o el mono brujo de la amazonía que con los chimpas. Tolero a los chimpas, pero de vez en cuando no más. No es todo, hay más caracteres, hay hombres que prefieren la pareja al grupo, prefiriendo al mismo tiempo al grupo por sobre la soledad de los bosques. ¿Hay monos que viven en pareja? Que yo sepa parejas únicas para toda la vida no tienen, ningún mono. Yo tampoco. Entonces esos que son felices en pareja y viven y todo lo hacen en pareja, con la única pareja, no serían monos. ¿O si? ¿O el hombre es ese mono particular que caracteriza el tipo de mono que prefiere vivir en pareja? Ya nos vamos por la tangente como todos los excéntricos. Volvamos a la soledad de los hombres y dejemos a la soledad de los monos para algún próximo salto espacial.
Hay hombres que de tanto estar solos, le han encontrado el gustito al silencio. A lo mejor han aprendido a hollar el cielo negro en busca de alguna estrella fugaz y misteriosa, siempre misteriosa, que como una mensajera del viento irrumpe en nuestro silencio con alguna frase levemente audible; ¿es una musa o una angelita? A lo mejor esos hombres, de tanto estar solos, han encontrado la alegría del pensamiento hermoso y entusiasta, a pesar de lo exógeno de su burbujeo de lavador de volcanes. O quizás simplemente algunos hombres se acostumbraron a la soledad y ya no les duele tanto sino sólo de vez en cuando, como a todo el mundo.
¿Cómo hacer que no duela? ¿Hay filosofía capaz de su nombre que no enseñe todos esos tantos "comohaceres"? ¿Hay filosofía puntual, filosofía de esto y destotro que sea digna de su nombre y que al mismo tiempo no dé la manera de alcanzarla? No, no hay, si se llama a si misma filosofía estaría mintiendo. Y el mundo de los hombres está lleno hasta derramarse de mentirosos, empezando por todas esas demasiadas propagandas comerciales, pasando por la farmacética que no cura pero si cobra, hasta llegar a los mitomanos farsantes que se construyen imagenes de si mismos para proyectar socialmente, totalmente falsas! Mitómanos, son a menudo (en mi vida) bastante simpáticos, farsantes entretenidos y a veces bastante cultos. Ya nos fuimos por la tangente otra vez, y tu no te diste ni cuenta sino hasta ahora, conmigo! ¿Cómo hacer que no duela?
Un psiquiatra o un psicólogo te sacarían en cualquier parte por lo menos 100 dólares por ese tipo de ayuda. Así es el sistema. Yo sirvo, tu sirves, él sirve, el trío de los bigotes grandes. Cualquier cosa que yo te de, dice el sistema, me la tendrás que devolver, si no es que la pagas antes.
Por eso, yo doy a crédito ; alegre y despreocupado, regalo lo que tanto esfuerzo me ha costado descubrir. ¿No hay acaso interés en mi bondad? ¿Quién lo descubre?
El problema es que a veces la solución le aparece a la gente como viga delante, como árbol que no deja ver el bosque. ¡Y no se mueven para ver el bosque! Escuchan pero no la conservan, no la tratan, no la persiguen, no la conquistan. Porque la filosofía no puede hacer por tí el esfuerzo de conquistar una virtud, pero si puede darte una mano, como cerrando un trato, claro, porque yo vivo del crédito ahora, nadie me devuelve lo que yo doy. No es una queja, es más bien un orgullo.
Y es que no he dado nada! Todavía estoy deleitándome en la tangente que se aleja del centro Soledad, como un cometa que vuelve más o menos cada 270 palabras, fiel a la soledad, a su sol, a su edad del sol.
Yo una vez fui un sol, pensaba mucho, puras tonteras, pero igual pensaba mucho, generalmente cuando no tenía pareja y los amigos ya me habían hastiado por un tiempo. Entonces me sentía solo, muy solo. No tan triste como cualquier viudo o viuda reciente que ha perdido a su amor, pero si melancólico, buscando respuestas, golpeando mi piedra con el cincel, como tratando de descubrir no al hombre sino al alma, al ángel. Es decir, tenía un sol benigno más que maligno. Pobre viudo del sol maligno ; enamoradísimo, quisiera irse con ella en la barca de la muerte, pero no sabe si la barca habrá salido ya. Yo quiero ayudarte viudo, quiero ayudarte a encontrarla en el medio del silencio de tu mente, susurrando con su voz que su muerte es tan sólo un aurevoir.
Aprender a estar solo es aprender a nublarse, porque sinó el sol puede convertirse en infierno, te puede quemar hasta enfermarte.
¿Cómo me nublo? ¿Cómo apago el sol? Unos lo apagan trabajando, concentrados casi todo el día en algo, en su trabajo, su investigación, su artesanía, su pintura, si sitio web, su libro, su pelota de fútbol, su bici, su presa en el muro, su atención al público, su venta, etc. En otras palabras, pobres cesantes, ¿como han de nublar ellos su sol? ¡Bendita censantía debieran exclamar! La vida nuevamente me da la oportunidad de bucear en mi cielo nocturno, de aprender a flotar como un cosmonauta, de aprender a navegar como un astronauta, ¡bendita cesantía! Pero no, el hombre le teme al futuro, y mira sus ahorros, si es que los tiene. Plata, plata, plata dice el hombre, como diría el chimpancé plátano plátano plátano. ¡En vano banano! La plata no cura la soledad de tu muerte. Mira, mira cómo llora ese millonario, ¡está solo! Los hombres le caen mal. ¡Bendita cesantía! Pero, ¿cómo nublo mi sol?
En realidad, para hacer más soportable cualquier soledad, hay dos maneras de apagar al sol, nublándolo o anocheciéndolo. Yo soy de la raza de hombres que prefirió anochecerlo, pero respeto también el camino de los artistas.
Porque el sol del pensamiento también puedo apagarlo con vacío. No con acción sino con inacción.
El pensamiento primero se pone naranja, luego rojo, luego se lo traga mi océano. Cuando el pensamiento está maduro, y listo para esperar un nuevo día, de pronto y sin aviso, de improviso, aparece el silencio. El silencio en la mente se le aparece al hombre sin esfuerzo, de pronto, en cualquier momento, ¡no estoy pensando!
Bien compadre, acabas de descubrir como fabricar agua tibia. Vamos ahora por el geyser!
Con ese primer descubrimiento deberíamos empezar a comprender que las virtudes más altas de las que es capaz el hombre pero que tan escasas son en sociedad, son en realidad asombrosamente simples, muy simples, cuando se las llega a poseer. Tan simples son que antes de regalarla o sembrarla en alguna parte lo pensamos mucho. Así somos los filósofos, casi filántropos tanto tiempo.
De pronto me quedé solo en la más oscura de las noches, entumecido de miedo y casi vacío de mí. No quise moverme, me tragaba la arena. Quieto, no hice otra cosa más que esperar el sol. Mi noche nublada, negrísima, fue la más veraz noche que haya tenido. No había más que viento en la arena; ni un solo pensamiento merodeaba mi alma, pero de esto yo no me daba cuenta tanto era el miedo. Nunca había esperado el día con tanta ansia, en medio del olvido. De pronto recordé un canto, un cuento, un verso, que fueron como chispas que encenderían mi amanecer; en medio del frío emergía un torrente de luz que aclaraba el cielo y que preguntaba sin cesar cosas que ya no recuerdo. Salía el sol más verdadero que haya vivido, en medio de una calma apaciguadora que me devolvía la cordura y el recuerdo. Nacía entonces mi verdad mayor, total, absoluta.

Sueños. Et voilà, una nueva fuente de sabiduría y sentido viene a sumarse con caminar de rey a mi vida: los sueños. Después de haberme alimentado de trascendencia y de ciencia para encontrarle el sentido a las cosas, después de haberle preguntado a mi pensamiento en flor por ellas, por las cosas que he ido encontrando, después de haber hallado el empirismo de los reflejos como fuente confirmadora y trascendente de sentidos, la vida misma, encuentro que los sueños vienen a cooperar en mi labor, a susurrarme símbolos y decirme que también ellos saben, que no sólo quieren comprender la vida sino que como yo, quieren trascender el tiempo y saber de futuros, yo con estadísticas (acumulación de ejercicios de estado), y mis sueños... vaya a usted a saber cómo. No sólo pintándome el día que fue sino también el que vendrá. Todo por negar el azar y la teoría de la imposibilidad de los valores eternos y comunes a la vida y a los hombres. Ésta ha sido hasta ahora gran parte de mi lucha y de mi labor: encontrar los significados universales, siempre válidos y comunes, de la vida y sus elementos. Los sueños serían entonces una manifestación de la universalidad de esos símbolos, que tratarían de explicarle al hombre su vida, y de demostrarle de paso la existencia de un ente que trasciende el tiempo. Y todo este esfuerzo espiritual, porque es espíritu el sentido acumulado de las cosas, ¿para qué? ¿como un bello juego vencedor del tedio y el sinsentido? ¿como amor a la vida? ¿o como preparación para un avanzar sobrenatural y alucinado?
Escrito por Álvaro
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