Filosofía de los Ojos
Hay unos ojos que me esquivaban como si los míos fueran dos soles de mediodía. Como un matiz nuevo del poder en los ojos de algunos superhéroes de la historia. Superman emitía calor con sus ojos; yo, el loco Riquelme, parecía detener con mi mirada a los hombres y las máquinas. Los doctores me dijeron que estuve alucinando, algo que el establishment entiende como no real, y como no había tomado ninguna droga, a la alucinación le sumaban la palabrita enfermedad (esquizofrenia). Menos mal que a mí los doctores desde ese entonces me parecieron hombres diminutos e insignificantes. Ellos nunca estuvieron en ese mundo de Poder Puro, cuando el cuerpo se enciende e ilumina, cuando el cuerpo es incansable; lastima que para ese Gran momento en mi vida, mi pasión, mi metamorfosis, mi cambio de piel, no haya tenido la mente sana y fuerte que tengo ahora, porque si no habría conservado ese supercuerpo mucho más tiempo. Y bueno, en ese supercuerpo había un super ojo, que hacía pestañar de dolor a quienes me miraban.
¿Cómo no inlcuir entonces esta cara del diamante ojo en mi filosofía del ojo?
Independientemente de lo que diga la ciencia a propósito del ojo, yo añado que tenemos dos ojos porque uno es para ver afuera y el otro para ver adentro. Claro, porque algún buen rico filántropo puede un día enseñarte a abrir el ojo interior. Yo no te voy a enseñar el "cómo" aquí, en esta página, pero si te puedo contar qué se percibe cuando uno empieza a abrir el ojo interior. Digo abrir voluntariamente el ojo, porque la mayoría de los animales y los humanos abre efectivamente el ojo interior varias veces durante la noche, cuando sueña. En los sueños vemos, tenemos ojos, recordamos perfectamente paisajes, rostros, objetos, como si los hubiésemos visto ayer. Pues bien, cuando se abre voluntariamente el ojo interior, se está casi casi consciente; sentado a lo buda, o recostado como durmiente, llegan imágenes, primero como fotos únicas, luego como secuencias, y uno está a dos segundos de las fotos, pues se despierta enseguida.
¿Que de qué sirve? Es simplemente un placer inmensamente más sano que el del opio. Se está (casi) en otro mundo, con plenas sensaciones: viento, agua, sed, placer sexual, violencia, vergüenza. Se está en otro mundo (casi) consciente. No por ser un buen placer de solitarios amantes del oxígeno, el disfrute del ojo interior carece de utilidad, pues en los sueños se cosechan símbolos universales. Este ojo es una fuenta de verdad, de certeza. Nos da herramientas para comprender, para posesionarnos mejor de nuestra realidad, de nuestro reinado en todo rincón de nuestra esfera perceptible.
¿Qué diremos del ojo exterior? Todos lo conocemos, o casi todos. No tengo evidencia de si algunos ciegos habrán abierto o abren regularmente su ojo interior, voluntariamente. De lo que tenemos certeza es que los ciegos nunca abrieron, o cerraron su ojo exterior para siempre. El ojo exterior tiene necesidad de descanso, se nos cierra con las horas, quizás quiera mirar para adentro.
El cielo y los ojos
El ojo interior emula la noche, el cielo nocturno. Cuando nos acostamos a dormir, y practicamos con paciencia la visualización "interior", nos llegan chispazos: son estrellas, pequeños sueñitos, fugaces, porque se apagan en seguida, duran poquito y hay que cerrar los ojos nuevamente para pescar un nuevo lucero. Cuando soñamos, o cuando tenemos la capacidad de permanecer con el ojo interior abierto y la mente lúcida, entonces la luz es más intensa y vemos con más claridad y duración, es la luna que ilumina nuestro interior, la luna simboliza el sueño, pero no es lo único que simboliza. Y así como las estrellas y las lunas son guías para el marinero, así las pequeñas y medianas llamas oníricas son guías para el aprendiz de brujo o el semidios... El sol, el día despierto con el ojo exterior abierto, la claridad, la continuidad, la intensidad. Si medimos la cantidad de formas, el ojo interior resulta una tortuga si la ponemos al lado del ojo exterior, capaz de ver 2 o tres fotos por segundo durante minutos y hasta horas. Esto no lo hace mejor que el ojo interior, pues éste último puede adentrarse en un mundo de significados. Los gatos lo ven todo, pero ¿alguien sabe si tienen más de diez significados en su espíritu los gatos? ¿Saben algo de la ebullición del agua, de las formas negras que aparecen en un libro? Y si embargo ven con su ojo exterior, a decir de los estudiosos del ojo de gato, mejor que nuestro ojo exterior. Esta es una ley: mejor es un poco de muchos que muchos de un poco. Siempre será mejor pensar poco y espaciado, que mucho y sin silencios.
¿Y el tercer ojo? Yo le llamo ojo interior, siempre preferí el dos al tres.
¿Y el ojo iluminado de la punta de la pirámide? Signo de una élite que ha aprendido a mirar con nuevos ojos. Más aún, que ha encendido su ojo hasta convertirlo en sol. Misteriosos, la prensa nada dice, la sociedad nada dice, no se sabe de su existencia. Ojo de luz, ¿a cuantos emperadores americanos, a cuantos reyezuelos africanos no se les podía mirar?
La combinación "ojo interior" puede resultar repugnante para gente que por alguna razón detesta toda suerte de poderes divinos. Yo mismo fui uno de ellos, no quería tomar ese camino, precisamente el camino del ojo interior, que no es el único que conduce hacia la sabiduría. Quizás les repugne instintivamente, no poque lo hallen falso (como ellos mismos defienden) sino porque quieren probar otro camino o no quieren complicarse la vida.
Estas son cosas imprescindibles para una filosofía del ojo. No menos imprescindible es también la ciencia material del ojo, sus deficiencias, su funcionamiento celular, sus bastones, policromías, etc. Pero más importante me resulta el ojo interior, el resto ya vendrá o lo pueden encontrar con facilidad en cualquier enciclopedia...
Escrito por Álvaro
Vienen más párrafos en camino...
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