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Una explosión de semillas en las húmedas praderas de tu mente



De la Soledad

 

Nadie nos enseña a estar solos. Para colmo la sociedad le coloca al solitario un cartel en la frente equivalente a: pobrecito, no tiene amigos, no tiene mujer, no tiene familia, etcétera. Quizás si estar solo fuese considerado como una opción, o al menos como una etapa nada grave, el solitario inexperto no andaría tan preocupado de su soledad.

Pero nos inquietamos cuando pasamos días casi sin hablar con nadie, todos nos inquietamos más de alguna vez al quedar solos. Estar consigo mismo se vuelve desagradable, el tiempo pasa más lento y la mente es aburrida, tediosa, y muchas veces molestosa. Como nadie la controla, ella, la mente, nos bombardea con recuerdos ; malos y buenos, y a veces más malos que buenos; o bien en lugar de hacernos recordar cosas, construye para nosotros, con su vocecita inocente, cosas que no dijimos pero hubimos querido decir, o cosas que hacer y no hicimos, o a veces, cuando la mente es amiga, cuando está adiestrada, nos envía cosas que nunca hemos hecho pero que podremos hacer algún día. Fantasea y recuerda la mente adolescente que adolece, nada más.

¿Porqué estar a solas con el pensamiento es tan melancólico? ¿Por que no hay luz en la cueva? ¿Porqué casi todos rechazan la soledad y se buscan amigos o mujeres o parejas con quien vivir? Yo sé. Son dos motivos, el segundo es menos conocido que el primero. Porque se supone que el hombre es un animal social, necesita hablar y reir, gesticular. Segundo, porque el pensamiento NO les da alegría.

Digo bien "se supone" porque yo creo y quiero creer que hay tantos tipos de caracteres de hombres como razas hay de monos. Hay monos que les gusta estar solos, como los orangutanes, y otros que prefieren arrojarse cosas, temerle a un líder, o coquetearle a un líder, vivir en grupo, mirar y ser mirado, sacarse piojos mutuamente, los chimpancés. Yo por ejemplo, me identifico más con el orangután o el mono brujo de la amazonía que con los chimpas. Tolero a los chimpas, pero de vez en cuando no más. No es todo, hay más caracteres, hay hombres que prefieren la pareja al grupo, prefiriendo al mismo tiempo al grupo por sobre la soledad de los bosques. ¿Hay monos que viven en pareja? Que yo sepa parejas únicas para toda la vida no tienen, ningún mono. Yo tampoco. Entonces esos que son felices en pareja y viven y todo lo hacen en pareja, con la única pareja, no serían monos. ¿O si? ¿O el hombre es ese mono particular que caracteriza el tipo de mono que prefiere vivir en pareja? Ya nos vamos por la tangente como todos los excéntricos. Volvamos a la soledad de los hombres y dejemos a la soledad de los monos para algún próximo salto espacial.

Hay hombres que de tanto estar solos, le han encontrado el gustito al silencio. A lo mejor han aprendido a hollar el cielo negro en busca de alguna estrella fugaz y misteriosa, siempre misteriosa, que como una mensajera del viento irrumpe en nuestro silencio con alguna frase levemente audible; ¿es una musa o una angelita? A lo mejor esos hombres, de tanto estar solos, han encontrado la alegría del pensamiento hermoso y entusiasta, a pesar de lo exógeno de su burbujeo de lavador de volcanes. O quizás simplemente algunos hombres se acostumbraron a la soledad y ya no les duele tanto sino sólo de vez en cuando, como a todo el mundo.

¿Cómo hacer que no duela? ¿Hay filosofía capaz de su nombre que no enseñe todos esos tantos "comohaceres"? ¿Hay filosofía puntual, filosofía de esto y destotro que sea digna de su nombre y que al mismo tiempo no dé la manera de alcanzarla? No, no hay, si se llama a si misma filosofía estaría mintiendo. Y el mundo de los hombres está lleno hasta derramarse de mentirosos, empezando por todas esas demasiadas propagandas comerciales, pasando por la farmacética que no cura pero si cobra, hasta llegar a los mitomanos farsantes que se construyen imagenes de si mismos para proyectar socialmente, totalmente falsas! Mitómanos, son a menudo (en mi vida) bastante simpáticos, farsantes entretenidos y a veces bastante cultos. Ya nos fuimos por la tangente otra vez, y tu no te diste ni cuenta sino hasta ahora, conmigo! ¿Cómo hacer que no duela?

Un psiquiatra o un psicólogo te sacarían en cualquier parte por lo menos 100 dólares por ese tipo de ayuda. Así es el sistema. Yo sirvo, tu sirves, él sirve, el trío de los bigotes grandes. Cualquier cosa que yo te de, dice el sistema, me la tendrás que devolver, si no es que la pagas antes.

Por eso, yo doy a crédito ; alegre y despreocupado, regalo lo que tanto esfuerzo me ha costado descubrir. ¿No hay acaso interés en mi bondad? ¿Quién lo descubre?

El problema es que a veces la solución le aparece a la gente como viga delante, como árbol que no deja ver el bosque. ¡Y no se mueven para ver el bosque! Escuchan pero no la conservan, no la tratan, no la persiguen, no la conquistan. Porque la filosofía no puede hacer por tí el esfuerzo de conquistar una virtud, pero si puede darte una mano, como cerrando un trato, claro, porque yo vivo del crédito ahora, nadie me devuelve lo que yo doy. No es una queja, es más bien un orgullo.

Y es que no he dado nada! Todavía estoy deleitándome en la tangente que se aleja del centro Soledad, como un cometa que vuelve más o menos cada 270 palabras, fiel a la soledad, a su sol, a su edad del sol.

Yo una vez fui un sol, pensaba mucho, puras tonteras, pero igual pensaba mucho, generalmente cuando no tenía pareja y los amigos ya me habían hastiado por un tiempo. Entonces me sentía solo, muy solo. No tan triste como cualquier viudo o viuda reciente que ha perdido a su amor, pero si melancólico, buscando respuestas, golpeando mi piedra con el cincel, como tratando de descubrir no al hombre sino al alma, al ángel. Es decir, tenía un sol benigno más que maligno. Pobre viudo del sol maligno ; enamoradísimo, quisiera irse con ella en la barca de la muerte, pero no sabe si la barca habrá salido ya. Yo quiero ayudarte viudo, quiero ayudarte a encontrarla en el medio del silencio de tu mente, susurrando con su voz que su muerte es tan sólo un aurevoir.

Aprender a estar solo es aprender a nublarse, porque de lo contrario el sol puede convertirse en infierno, te puede quemar hasta enfermarte.

¿Cómo me nublo? ¿Cómo apago el sol? Unos lo apagan trabajando, concentrados casi todo el día en algo, en su trabajo, su investigación, su artesanía, su pintura, si sitio web, su libro, su pelota de fútbol, su bici, su presa en el muro, su atención al público, su venta, etc. En otras palabras, pobres cesantes, ¿como han de nublar ellos su sol? ¡Bendita censantía debieran exclamar! La vida nuevamente me da la oportunidad de bucear en mi cielo nocturno, de aprender a flotar como un cosmonauta, de aprender a navegar como un astronauta, ¡bendita cesantía! Pero no, el hombre le teme al futuro, y mira sus ahorros, si es que los tiene. Plata, plata, plata dice el hombre, como diría el chimpancé plátano plátano plátano. ¡En vano banano! La plata no cura la soledad de tu muerte. Mira, mira cómo llora ese millonario, ¡está solo! Los hombres le caen mal. ¡Bendita cesantía! Pero, ¿cómo nublo mi sol?

En realidad, para hacer más soportable cualquier soledad, hay dos maneras de apagar al sol, nublándolo o anocheciéndolo. Yo soy de la raza de hombres que prefirió anochecerlo, pero respeto también el camino de los artistas.

Porque el sol del pensamiento también puedo apagarlo con vacío. No con acción sino con inacción.

El pensamiento primero se pone naranja, luego rojo, luego se lo traga mi océano. Cuando el pensamiento está maduro, y listo para esperar un nuevo día, de pronto y sin aviso, de improviso, aparece el silencio. El silencio en la mente se le aparece al hombre sin esfuerzo, de pronto, en cualquier momento, ¡no estoy pensando!

Bien compadre, acabas de descubrir como fabricar agua tibia. Vamos ahora por el geyser!

Con ese primer descubrimiento deberíamos empezar a comprender que las virtudes más altas de las que es capaz el hombre pero que tan escasas son en sociedad, son en realidad asombrosamente simples, muy simples, cuando se las llega a poseer. Tan simples son que antes de regalarla o sembrarla en alguna parte lo pensamos mucho. Así somos los filósofos, casi filántropos tanto tiempo.

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