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La nueva escuela de Sabiduría: El budismo Mahayana.

NagarjunaEl primer cisma entre los seguidores del Budismo surgió curiosamente en la época del rey Asoka, en la que mutuamente, los Shtaviravada y los Mahasanghikas se separaron; los primeros eran conservadores y fieles a la Asamblea de los mayores, o de los Arhats, mientras que los segundos, más liberales, querían incluir en las asambleas también a los legos.

Las rivalidades que originaron el cisma fueron fuertemente atizadas por los Cinco Puntos escritos por el monje Mahadeva; los conservadores lo identificaban como el “hijo de un mercader que cometió incesto con su madre, envenenó a su padre y luego mató a su madre y a varios Arhats”, y que arrepentido, “dejó la vida familiar, se ordenó- en forma totalmente irregular- y luego trató de introducir sus Cinco Puntos en la Orden”, que básicamente tachaba a los Arhats como moral e intelectualmente deficientes, que “sus pasiones no estaban totalmente agotadas” y que “no eran completamente omniscientes”; aunque el monje no tuvo importancia posterior, el conflicto sirvió de pretexto para la separación de las sectas, que tomaron empero el “ideal de Omnisciencia” como parte importante del Mahayana.

Los Mahasangikas, primeros en separarse de los conservadores, quisieron ser en todo más liberales: menos estrictos en el cumplimiento de la disciplina, más abiertos a los jefes de familia y a la posibilidad espiritual de las mujeres, muy dispuestos a aceptar los Sutras (escrituras) posteriores (Shastras); contribuyeron en gran medida a formar los rasgos del hombre ideal Mahayana: el Bodhisattva; aumentaron las palabras y las dotes del primer Buda Gautamá con las de un Buda histórico, que por ejemplo “ni duerme ni sueña”, “siempre está en trance” o “comprende todas las cosas en un momento”.

Pero al mostrar las dotes sobrenaturales de quien llega a ser un Buda, alejaban del lego e incluso del monje la posibilidad de alcanzarlo, y por otro lado estimulaba la ambición del hombre común al hacerlo comprender que el asceta en realidad no sufría sino que gozaba de poderes exhuberantes. Algunos Mahasangikas llegaron incluso a menospreciar al Buda hombre, Siddartha Gautamá, diciendo de él que no era más que una creación mágica de un “Buda Supramundano”, que sobrevivía a la muerte y que propagaba su doctrina en todas las épocas, asegurando así un “desarrollo libre y sin trabas” de las nuevas doctrinas.

Surgía entonces un nuevo Evangelio, el Bodhisattva-yana (camino o carrera del Bodhisattva) luego llamado Maha-yana (Gran Carrera o Gran Vehículo), en contraste con lo que ellos mismos denominaban como Hina-yana, o vehículo menor, término en un principio despectivo, que usaban sólo en raras ocasiones, prefiriendo llamarlos Los Discípulos o Pratyekabudas. Los seguidores del Mahayana empezaron recién a ser más numerosos por el año 800, cuando desaparecía de la India. El Mahayana llegó con fuerza a China, Japón y Tíbet, “desplazando casi por completo al Hinayana”.

Sin embargo, en un principio, Mahayanas e Hinayanas vivían juntos en los monasterios y practicaban el mismo Vinaya, tal era la tolerancia y pacifismo budista, además de teórica, práctica. La literatura Hinayana no mencionaba a los Mahayanas, pero “introducía tácitamente” algunas de sus enseñanzas en su propia doctrina. La postura Mahayana fue contradictoria; en ocasiones muy ofensiva y en otras, francamente respetuosa. Pero rechazaban la postura Hinayana de los distintos caminos de salvación; afirmaban que sólo hay un camino “hacia la salvación final”: el vehículo de Buda, o Gran Vehículo. El Loto enseña que los discípulos creen haber terminado su trabajo y haber alcanzado el camino, eso es falso, ese “Nirvana” es un reposo, pues "No hay verdadero Nirvana sin omnisciencia"; por eso a los Arhats se les decía que aún les quedaba camino por recorrer.

La doctrina Mahayana se difundió a través de los Sutras, experimentando un gran multiplicación entre los años 100 a.C. y 200 d.C.: el Loto de la Buena Ley o la Exposición de Vimalakiriti son los ejemplos más famosos y de “mayor fuerza”. Gran parte de los Sutras están reunidos en los Prajñaparamita, o Sabiduría Trascendental, que enseñan la perfección de la sabiduría; fueron creados y reunidos por los Madhyamikas (los que toman el camino medio), escuela fundada por el año 150 por Nagarjuna, quien instaurara la influyente “doctrina de la vacuidad” o Sunya-vada. De Nagarjuna se decía que había traído a la tierra la doctrina profunda de Buda, retenida por los dragones, enseñada al mismo tiempo en que Shakyamuni enseñaba la doctrina a los Discípulos (doble enseñanza de Gautama). La doctrina Madhyamika, extinta en la India, sobrevive aún en China y Japón pero conocida como Zen.

Vacío y Bodhisattva son las dos palabras más recurrentes de la doctrina Mahayana. Ya hemos dicho que el hombre ideal Mahayana es un Bodhisattva: literalmente un ser de iluminación, un hombre que todavía no está iluminado pero que quiere llegar a ser un Buda; este concepto no es una exclusividad del Mahayana: en todas las escuelas y en toda las doctrinas se da a entender que todo Buda fue antes un Bodhisattva. Sin embargo, los Mahayanas resaltan la diferencia entre su postura y la Hinayana argumentando que un Bodhisatva es además un ser que quiere ayudar a los demás, que quiere llegar al Nirvana pero llevando con él también a otros seres.

Hacen entonces la diferencia con un Arhat, o un Pratyekabudas, que sólo quiere salvarse a sí mismo, que sólo quiere “domesticarse, pacificarse y nirvanizarse” a si mismo. Los Sarasvativadinos describen también el ideal Bodhistava en su Abhidarmmakosa: ¿porqué si el Bodhisattva se ha propuesto conquistar el Nirvana, se demora tanto?, se preguntan; y responden, porque el Nirvana es algo difícil de alcanzar, porque exige mucho trabajo y conocimientos, y porque en su avanzar quieren ayudar a los demás. ¿Y porqué quieren ayudar a los demás? Porque el beneficio de los demás es su propio beneficio, porque sólo ayudando se ayudan a sí mismos.

Y esta era un postura radical del Mahayana, que no aceptaba como camino el no ayudar a otra gente. El Bodhisattva era en cierto sentido un ideal heróico. “Mientras que antes se había enseñado la sabiduría como la más alta virtud, y la compasión como una virtud subsidiaria, ahora la compasión se consideraba igual a la sabiduría”. El desapego e incluso el desprecio total del mundo se convertía en un desprecio del mundo pero no de los seres vivientes en él. El Prajñaparamita dice que los Bodhisattvas han resuelto: “seremos un abrigo para el mundo, un refugio para el mundo, el lugar de descanso del mundo, el alivio final del mundo, islas del mundo, luces del mundo, jefes del mundo, el medio de salvación del mundo”.

Entendemos entonces que el Mahayana concentró sus fuerzas sobretodo en la práctica de Los Ilimitados. No así en la práctica de los Dharmas, “fuerzas impersonales” que explican cualquier cosa que se “piense, sienta o haga”. Ambas prácticas tenían la misma intención: reducir la separación entre el individuo y el mundo que lo rodea, pero lo curioso es que son métodos en esencia casi antagónicos; los Dharmas reducen todo a cosas, o a fuerzas impersonales, “tan fríos e impersonales como átomos”, incluso a los hombres: los dharmas “destruyen la idea de que hay persona en el mundo”, todo es vacío mezclado con Dharmas, no hay ser.

Los Ilimitados, por el contrario, “llevan a una expansión infinita del ser”, se identifica con otros seres, aumenta su consciencia. Pero los Budistas debían seguir el camino llevando la mencionada contradicción; para ellos la paradoja era parte de la enseñanza, y no debía uno detenerse ante ellas sino seguir avanzando y considerando que ambas perspectivas son igualmente válidas (al contrario de la lógica occidental que invalida todo un camino o queda paralizada ante una paradoja). Por ejemplo, parte del Sutra del Diamante: “Y sin embargo, aunque innumerables seres han sido conducidos al Nirvana, ningún ser ha sido conducido al Nirvana. ¿Y porqué? Si en un Bodhisattva llegara a ocurrir la percepción de un “ser”, no sería llamado “ser de iluminación” (Bodhisattva)”...sino quizás Buda. Él mismo, el ser de iluminación (iluminador), está compuesto de aquellas dos fuerzas contradictorias: sabiduría y compasión, pero su capacidad de combinarlas es “la fuente de su grandeza”.

El otro gran centro de atención de la doctrina Mahayana es la vacuidad, en sánscrito, sunyata; etimológicamente parece provenir de la raíz “hinchado” a la vez que “hueco”, y aunque se la representaba mediante un círculo vacío, no se la consideraba simplemente como un espacio vacío, “como mera nada, exactamente como apareció el Nirvana”, sino que significaba también la ausencia de algo, el “borrarse uno mismo”. Los seguidores del Abhidharma, a pesar de conocer el concepto de “vacío”, lo utilizaban muy poco, pero la Nueva Escuela lo consideraba como el “ábrete sésamo” de todas las puertas.

En la escritura Pali, Buda afirma que “la mente bien dirigida es como el agua transparente de un estanque claro, libre de basuras y espumas en la superficie”. Se dice del vacío que une existencia y no existencia, afirmación y negación, eternidad y aniquilación, por eso uno de sus sinónimos es no-dualidad. Pero el Mahayana iba más lejos: afirmaba que todo y cada cosa estaba vacía, y que por eso no valía la pena tenerlas cerca ni desearlas; pero hemos visto que vacío podía significar también hueco, ¿podían entonces las cosas llenarse?, pues las cosas podían estar vacías en un principio, pero de allí a afirmar que las cosas están siempre vacías hay una gran diferencia: las cosas están vacías porque estamos demasiado llenos, si nos vaciamos, las cosas empezaran a llenarse, encontrando pronto un justo equilibrio entre nosotros y las cosas.

Por otra parte, “la doctrina de la vacuidad no se enseña para apoyar a una teoría frente a otras, sino para deshacerse de todas las teorías”, o también, como afirmaba Nagarjuna, “la vacuidad es la no diferencia entre sí y no”, un punto neutro, más allá de la afirmación y la negación, o una fusión de ambas, o su negación simultánea. Por eso se dice de Nagarjuna que su doctrina no trataba de refutar ni de aceptar conclusiones definitivas sino que pretendía eliminarlas reduciéndolas al absurdo.

Los Mahayanas se preocupaban también por los signos de la salvación, que eran cuatro: no alcanzar, no afirmar, no depender y ser omnisciente. La omnisciencia era considerada tanto como la sabiduría del Nirvana, como también la sabiduría de todas las cosas incluyendo las cosas innecesarias y las pequeñeces.

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