Yo podría regalarle
Yo podría regalarle
Una inspirada mano en flor que sabe
De la brisa eterna de las costas
O el ojo sin muerte del cuerpo sin olvido
Que alumbra como un sol de la aurora
Yo podría regalarle
Una boca orgásmica y una lengua juguetona
Con el amor que crece la palabra, cada palabra
O la gran afirmación del hombre sin miedo: te obedezco vida mía
Así lo he querido yo
Yo podría regalarle
El enigma desnudo de una cruz atrapada en la piedra,
De un tajo maldito perdonado por la compasión entonces crucificada
O el mundo novísimo de un loco recién nacido
Fugitivo en la quietud y el silencio de una piedra muda
Que espera por su cruz faraónica nunca enterrada
Yo podría regalarle
La libertad total del pensamiento que brilla lejos en mi sombra
O en mi espejo distante que sin embargo tan cerca
La vasta contemplación encendida y burbujeante
Espirituosa que persigue grandiosa el trueno de mis rayos
El goce del revés de un autista que reina desde alturas cupulares
Yo podría regalarle tantas flores
La cuerda metálica del placer que desafía los abismos
La simultaneidad perfecta de un orgasmo acompañado de dolor
La sospecha de la pena bendecida por la alegría
El camino obstinado del que sube la montaña al fondo cuantas veces
Hasta robarse el fuego, el gran fuego de los cielos
Abuelo del silencio rey del bienestar consigo mismo
Y la infinita curiosidad de un sol que madura sus elementos
Yo podría regalarle
El orgullo independiente de los aplausos o de los títulos
La valentía arrojando razones directoras o fluyendo mi fuerza hacia los desafíos
La profundidad diacrónica que valúa toda filantropía
La última chorreante risa que pesca sueños al alba
O el permanecer siempre que todavía no alcanzo
Pero no he querido título
Por eso por mientras he preferido regalarte
Dos diosas
María, María por dentro
María susurrante y consejera
María de los rayos solares
Yo te salve María
De caer en Damajuana
Llena eres de gracia y de entusiasmo
María mar
Rebosante en pecesillos de nuestros corales
María Sirena de los nacimientos fulminantes
Santa María de los Soliloquios
Diabla María de los espejos pluscuanperfiestos
María mía mi sabia
Mi eterna compañía
Mi señora de los signos y de las señales
María sombra irisada de mis soledades
Juana, Juana por fuera
Juana bella, espontánea, sonora
Juana la pícara, Juana la amiga, Juana la seductora
Juanita de los rayos sudorosos
Juanita de los orgasmos multicolores
Juanita la menor, de la manita de María
Juana la de los tambores, de los cantos y de las guerrillas
Juana avecilla de los nacimientos fulminantes
Juana del aire, del salto y de la ingravidez
Juana del trueno y de la luz en los cielos
Ave Juanita risueña
Santificadas sean tus alas por el bien de María
Juana desvergonzada, feliz hermana,
Desafiante contra el tirano o el déspota
Contenida ante las espinas del desespero
Vuelvan las dos
Aquí
Junto al trono
Venid a lavaros vuestros piecesillos de camino cansado
Venid a abluiros con mis colores seminales
brotando espesos de mis volcanes
Venid ambas a hacer tierra conmigo
Las dos, aquí
Junto al trueno.